Son las 7:30 de la mañana. La hoz del Huecar está completamente a oscuras. Sólo se oyen algunos ruidos de animales que ya comienzan a madrugar. El sol empieza a aparecer en el extremo Este del valle tiñendo de naranjas y rojos el cielo. En el horizonte se empiezan a recortar los farallones dolomíticos que acompañan al río Huecar en su camino hasta Cuenca y los pasajeros empiezan a entender donde se encuentran, que clase de paisaje les rodea. Nosotros ya lo hemos visto cientos de veces, pero no dejamos de disfrutarlo. Los corazones comienzan a bombear más sangre. Todos estamos ansiosos por comenzar la aventura.

En Cuenca llamamos hoces a los valles que recortan el relieve que rodea la ciudad de Cuenca; son los valles formados por los ríos Jucar y Huecar. Ambos cursos fluviales se encuentran aun en su curso joven y horadan la roca formando muros verticales de dolomías. El paisaje es salvaje. El Huecar camina desde el Este al Oeste y el Jucar del Norte al Sur. Ambos se juntan en la ciudad de Cuenca o, mejor dicho, la ciudad de Cuenca crece en el lugar donde ambos se juntan.

Estamos en medio de la ladera. En la Hoz del Huecar no hay espacio. Las rocas, los arboles y algunas casas de hortelanos ocupan todas las superficies planas que existen. De repente una llama de casi cinco metros de altura ilumina todo lo que nos rodea. El ruido sobresalta a los pasajeros que andan ensimisimados en la belleza que consiguen intuir. Es Javi, nuestro piloto. Está probando el quemador. Antes de empezar el inflado toca dar un briefing de seguridad. Los globos son las aeronaves más seguras del mundo, pero igualmente no dejaremos nada al azar.

Los pasajeros escuchan al piloto mientras este les explica como será el viaje en globo. Entre las explicaciones Javi hace algún que otro chiste. Saltan las risas. Risas nerviosas. Se palpa algo de adrenalina en el ambiente. El viaje en globo, en cualquier parte del mundo, es un viaje placentero. Las palabras más usadas por nuestros pasajeros (y por todos en cualquier lugar del planeta) son Paz, tranquilidad… pero antes de empezar siempre hay alguien que viene con algo de miedo. El miedo es libre. Despues nos dirá que lo ha disfrutado y que no ha pasado vértigo. Alguno nos confesará entre risas que, pese a nuestras indicaciones, se tomó una biodramina antes de venir. “No tenía que haberla tomado, no se nota ni un pelo de movimiento”. No claro que no, pero el miedo es libre y siempre que uno va a comenzar una actividad nueva se prepara para lo peor. Aquí no hay peor. Solo disfrutar.

El viaje en globo comienza a primeras horas de la mañana

Primera parte del viaje en globo. La montaña.

 

El globo empieza a hincharse entre los árboles. El espacio es muy justo. No caben globos grandes. Los pasajeros aprovechan para hacer fotos. El amanecer por un lado, el globo por otro, los muros verticales de rocas… Los sentidos se disparan. Antes de que nadie se de cuenta el globo está en pie. “Pasajeros a bordo”. Empiezan a subir, el globo quiere abandonar la tierra, el sonido del quemador calentando el aire de dentro de la vela ahoga los comentarios de los pasajeros. Las bocas sonríen a la cámara. Los ojos brillan ávidos de vivir esta aventura. Esto es Cuenca en globo.

Lo que hace que el viaje en globo sea uno de los mejores del mundo es que es un viaje único. Cualquiera podría decir que todos los viajes son únicos, sí, y puede tener algo de razón, pero en Cuenca vamos a atravesar tres tipos de paisajes que, solo por sí mismos, justifican el viaje en globo en sí. Juntos, conforman una experiencia inolvidable.

El piloto suelta el cabo que lo une a tierra y comienza la ascensión. La cesta acaricia las ramas de algunos arboles en su subida. Frente a los pasajeros la Hoz del Huecar se atisba en todo su esplendor. Los muros de roca se ven naranjas unos, sombríos otros. El globo comienza su camino hacia el Oeste, hacia la ciudad, con un precioso amanecer a la espalda. En medio de la Hoz las rocas juegan con la luz para crear formas imposibles. Es el Karst, un proceso por el cual el agua disuelve las rocas de naturaleza caliza creando figuras caprichosas. Cuenca, es uno de los mejores ejemplos de este fenómeno a nivel mundial. El visitante siente que está en medio de un bosque mágico. Las hoces son la extensión del Parque Natural Serranía de Cuenca, posiblemente uno de los parques más bellos y desconocidos de Europa, incluso para los españoles. Sin duda alguna es el parque natural más despoblado de nuestro viejo continente.

El globo recorre un lugar mágico entre figuras imposibles excavadas en la roca

Nuestro viaje es un vuelo en globo de montaña. Al menos comienza como tal. Existen muchos vuelos de montaña en España; los volcanes de Olot en Cataluña, la sierra de Guadarrama en Madrid… En el mundo el paseo en globo entre montañas más famoso es el de Capadoccia, en Turquia. Allí todos los días del año (si el tiempo lo permite) vuelan más de 200 aeronaves. Volar en globo entre montañas es algo muy especial. Cada lugar conforma sus vientos específicos en función de su orografía. En nuestro caso el globo serpentea junto con los meandros del río Huecar. Las rocas escoltan nuestro viaje. En algunos momentos a nuestro lado, en otros abajo. A veces el globo desciende y los muros verticales quedan por encima. Las vistas son únicas. Únicas.

Segunda parte. Paseo en globo por Cuenca ciudad patrimonio de la humanidad.

 

De repente, al fondo, aparece la ciudad. Cuenca. Entre golpe y golpe de quemador se oyen susurros. “Increíble” “Espectacular” “joder, joder, joder…”. Cada uno se expresa de una forma distinta, como puede. Los vídeos que graban algunos pasajeros recogen los comentarios. Nadie piensa en lo que dice, sólo verbaliza lo que puede. Como puede. Al fondo la ciudad, anclada en el tiempo, en el siglo XVI, en medio de las dos hoces espera la llegada del globo. Aun está dormida. Los rayos del amanecer van levantando lentamente las sombras que dominan buena parte de los edificios. Se genera un ambiente ciertamente irreal. El visitante siente que ha viajado en el tiempo. Los pasajeros locales, los conquenses, sienten un orgullo muy especial. Las construcciones que vemos desafían la gravedad luchando contra las rocas por hacerse espacio. Aquello lo hicieron sus antepasados. Personas que no conocían la palabra imposible. Soñadores como ellos que hoy pueden contemplar la ciudad desde un balcón exclusivo. Único. Increíble. En este momento nos cuesta creer que no exista la magia.

Cuenca es una ciudad anclada en el SXVII, de una belleza incontestable. Foto de @srwebos

Vuelos en globo sobre ciudades o construcciones especiales los hay en varias partes de España. Todos muy recomendables; Segovia es el más conocido de todos. Tambien hay paseos en globo sobre Toledo, sobre Avila… En el resto del mundo se pueden visitar las piramides de Egipto, las construcciones Aztecas en Mexico o los templos de Bagan en Myanmar. Lo que hace especial el viaje en globo por Cuenca es la mezcla entre el viaje de montaña y la posterior visita de la ciudad. La belleza de Cuenca la ha convertido en una de las ciudades Patrimonio de la Humanidad. Es un titulo muy exclusivo reservado para lugares excepcionales. Hasta aquí son dos viajes en uno. En algunas ocasiones, las menos, el viento saca al globo de la Hoz del Huecar y lo lleva a la Hoz del Jucar. En estos casos el pasajero disfrutará de uno de los vuelos de montaña más atractivos de España. Es muy normal el avistamiento de animales. Corzos, Jabalís y distintos tipos de aves, desde buitres hasta pajaros carpinteros, se pueden ver y escuchar por las hoces.

Tercera parte. Viaje en globo por la tierra de Don Quijote.

 

El globo recorre la parte antigua, más deprisa o más despacio, dependiendo del viento del día. Da igual. Para los pasajeros siempre será demasiado rápido. Al frente aparece la ciudad nueva de Cuenca y más allá se empiezan a intuir las llanuras manchegas que inspiraron al Quijote. Son extensas tierras de cultivo que, vistas desde arriba, se antojan caprichosas. Los campos cultivados se alternan con los barbechos y las discusiones por las tierras de los antiguos pobladores forman figuras geométricas irregulares donde las líneas rectas no siempre son las que prevalecen.

Los espacios abiertos típicos de la Mancha que describia Cervantes empiezan a aparecer timidamente en el aterrizaje

Y aquí aterrizaremos, en el tercer paisaje de nuestro globo. En las tierras en las que Cervantes imaginó sus aventuras. Muchos vuelos en el mundo se hacen en lugares como este y tienen un encanto especial. Quizás al pasajero, sobresaturado por lo que ya ha visto, le cueste apreciar la belleza de lo que tiene ante sí. No pasa nada. Muchos repetirán. Les ha sabido a poco.

¡Vuela con nosotros!

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